Segunda generación: Skinner
Una de las ideas filosóficas más
relevantes de Skinner fue su conductismo radical, que se oponía a la psicología
introspectiva que se centraba en los procesos mentales internos. Skinner
argumentó que los psicólogos no deben especular sobre lo que ocurre dentro de
la "caja negra" de la mente, mes decir, los procesos mentales no
observables. Para él, el comportamiento era el foco de estudio, y lo que
realmente importaba era cómo las condiciones ambientales influyen en el
comportamiento, por lo que para explicar el comportamiento a partir de
estímulos y respuestas observables, así como la relación entre estos (Agudelo y
Guerrero, 1973).
En esta misma línea, Skinner es
conocido principalmente por su trabajo en el condicionamiento operante,
refiriendo que el comportamiento de un organismo se modifica a través de
recompensas (refuerzos) y castigos. En este sentido, los refuerzos serían estímulos
que aumentan la probabilidad de que una conducta se repita, mientras que los
castigos son consecuencias que disminuyen su probabilidad de repetirse
(Skinner, 1972).
Así mismo, Skinner planteó la “teoría del
aprendizaje programado”, proponiendo que los principios del condicionamiento
operante podrían usarse para mejorar los métodos educativos, y diseñó sistemas
de enseñanza basados en el refuerzo para promover el aprendizaje de los
estudiantes. Skinner creía que los programas educativos que ofrecen
retroalimentación inmediata y refuerzos incrementales serían más efectivos para
el aprendizaje que los métodos tradicionales (Oviedo y Castillo, 2007).
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